¿Habías olvidado el agujero del centro del cuerpo que te comía viva?
Pues ya lo tienes aquí de nuevo, ha vuelto y parece que para quedarse, ha vuelto con fuerza y por fuerte que te aprietes las trenzas no va dejar de doler.
Este agujero se ha instalado tan fuerte que no veo manera humana de expulsarlo de mi cuerpo.
Esta vez ni el chocolate ayuda, ni el bisturí, ni dormir...
El dolor y la presión me dejan sin aire, me dejan sin hambre, me dejan sin ganas de nada...
Tengo miedo, miedo de mi misma, miedo de mis acciones, miedo de paranoia, miedo de mi ser interior...
miércoles, 2 de julio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Siempre he sido una persona solitaria, encerrada en si misma y poco afectiva, no me gusta que me toquen si no es absolutamente necesario pero ahora, ahora algo en mi ha cambiado, ha sido un cambio paulatino y lento, tan lento que hasta que no lo he tenido en la puta cara no me he dado cuenta.
No me había dado cuenta de que necesito sentir cerca a la gente que aprecio, pero lo que duele es que me he dado cuenta tarde y esa gente ya no está, ya no está o ya no quiere estar aunque, por otro lado, me duele más que sea yo la que no los quiere tener tan cerca como pensaba, la que no quiere tener nada que ver con ese mundo, la que no quiere saber de ellos, la que puso la mano en fuego por ellos tantas veces y ahora quiere que sean desconocidos.
Seamos desconocidos, olvidemos nuestro pasado juntos y tal vez, en un futuro lejanos, volvamos a acercar nuestras manos y a pensar que funcione esta falsa amistad.
Por todos estos años no ha sido amistad, a sido necesidad de tener a alguien cerca, alguien que te fuera a defender de ti misma, alguien que te hiciera sentir especial sin tener que entregar tu cuerpo...
Esto es un hasta luego, quizás en un tiempo se convierta en un adiós pero por ahora es un hasta luego, un hasta luego que no duele lo que imaginaba que dolería y por lo tanto, por mi parte, quizás sea eterno.
No me había dado cuenta de que necesito sentir cerca a la gente que aprecio, pero lo que duele es que me he dado cuenta tarde y esa gente ya no está, ya no está o ya no quiere estar aunque, por otro lado, me duele más que sea yo la que no los quiere tener tan cerca como pensaba, la que no quiere tener nada que ver con ese mundo, la que no quiere saber de ellos, la que puso la mano en fuego por ellos tantas veces y ahora quiere que sean desconocidos.
Seamos desconocidos, olvidemos nuestro pasado juntos y tal vez, en un futuro lejanos, volvamos a acercar nuestras manos y a pensar que funcione esta falsa amistad.
Por todos estos años no ha sido amistad, a sido necesidad de tener a alguien cerca, alguien que te fuera a defender de ti misma, alguien que te hiciera sentir especial sin tener que entregar tu cuerpo...
Esto es un hasta luego, quizás en un tiempo se convierta en un adiós pero por ahora es un hasta luego, un hasta luego que no duele lo que imaginaba que dolería y por lo tanto, por mi parte, quizás sea eterno.
domingo, 25 de mayo de 2014
A mi me gustaba estar ciega frente al sufrimiento humano, era más cómodo cambiar de canal cuando en las noticias hablaban sobre masacres en Estados Unidos, de guerras en Oriente Medio, incluso cambiaba de canal cuando hablaban de las miles de niñas que son secuestradas y violadas en África cada día...
Era más fácil, más cómodo, como si al no verlo no sucediera, pero no nos engañemos, sucede.
Ahora es más difícil girarle la cara a la señora que pide en la puerta de la panadería de toda vida, esa señora que era vecina tuya y desde que murió su marido y ella enfermó ha estado vagando de un lado a otro, sin casa, sin trabajo, sin medicación y sin hijos que la puedan cuidar, porque seamos sinceros, ahora es un lujo que tus hijos te cuiden.
También es difícil girar la cabeza ante el compañero de clase marroquí que ahora recoge cosas de la basura o ante el que busca chatarra para llevar algo de comida o dinero a casa.
Si no somos capaces de abrir los ojos y ver el sufrimiento de nuestro país, de mirar a la cara a toda esa gente, que bien podríamos ser nosotros, y ayudarles para que sean menos desdichados.
No podemos cambiar lo que evitamos ver en las noticias si no nos dignamos a abrir los ojos ante lo que tenemos no en la ciudad de al lado sino en la acera de enfrente, en el piso de abajo, entre nuestros familiares o incluso, nosotros mismos.
Era más fácil, más cómodo, como si al no verlo no sucediera, pero no nos engañemos, sucede.
Ahora es más difícil girarle la cara a la señora que pide en la puerta de la panadería de toda vida, esa señora que era vecina tuya y desde que murió su marido y ella enfermó ha estado vagando de un lado a otro, sin casa, sin trabajo, sin medicación y sin hijos que la puedan cuidar, porque seamos sinceros, ahora es un lujo que tus hijos te cuiden.
También es difícil girar la cabeza ante el compañero de clase marroquí que ahora recoge cosas de la basura o ante el que busca chatarra para llevar algo de comida o dinero a casa.
Si no somos capaces de abrir los ojos y ver el sufrimiento de nuestro país, de mirar a la cara a toda esa gente, que bien podríamos ser nosotros, y ayudarles para que sean menos desdichados.
No podemos cambiar lo que evitamos ver en las noticias si no nos dignamos a abrir los ojos ante lo que tenemos no en la ciudad de al lado sino en la acera de enfrente, en el piso de abajo, entre nuestros familiares o incluso, nosotros mismos.
sábado, 3 de mayo de 2014
Despedirse de alguien siempre es difícil, sobretodo si esa persona ha estado en momentos tan importantes y has vivido tanto y sufrido y reído, pero esta despedida era necesaria y me alegro de que fuera ella quien diera el paso, yo era incapaz de cerrar este ciclo sin su fuerza, ella siempre fue la fuerte.
Espero que todo le vaya genial.
Yo seguiré vagando por estas calles oscuras en busca de ese algo que le falta a mi corazón.
Espero que todo le vaya genial.
Yo seguiré vagando por estas calles oscuras en busca de ese algo que le falta a mi corazón.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
