domingo, 25 de mayo de 2014

A mi me gustaba estar ciega frente al sufrimiento humano, era más cómodo cambiar de canal cuando en las noticias hablaban sobre masacres en Estados Unidos, de guerras en Oriente Medio, incluso cambiaba de canal cuando hablaban de las miles de niñas que son secuestradas y violadas en África cada día...
Era más fácil, más cómodo, como si al no verlo no sucediera, pero no nos engañemos, sucede.

Ahora es más difícil girarle la cara a la señora que pide en la puerta de la panadería de toda vida, esa señora que era vecina tuya y desde que murió su marido y ella enfermó ha estado vagando de un lado a otro, sin casa, sin trabajo, sin medicación y sin hijos que la puedan cuidar, porque seamos sinceros, ahora es un lujo que tus hijos te cuiden.
También es difícil girar la cabeza ante el compañero de clase marroquí que ahora recoge cosas de la basura o ante el que busca chatarra para llevar algo de comida o dinero a casa.

Si no somos capaces de abrir los ojos y ver el sufrimiento de nuestro país, de mirar a la cara a toda esa gente, que bien podríamos ser nosotros,  y ayudarles para que sean menos desdichados.
No podemos cambiar lo que evitamos ver en las noticias si no nos dignamos a abrir los ojos ante lo que tenemos no en la ciudad de al lado sino en la acera de enfrente, en el piso de abajo, entre nuestros familiares o incluso, nosotros mismos.

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Cada cual su historia, cada historia un mundo, cada mundo una persona.